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Salud y bienestar · Lectura de 6 minutos

Diseñar la segunda mitad de tu vida

Cómo una consulta geriátrica puede ayudarte a vivir los próximos años a tu manera

Dr. Juan Idiarte Borda

Dr. Juan Idiarte Borda

Médico geriatra · Geriatría Privada

Personas mayores paseando juntas por la rambla de Montevideo

Durante mucho tiempo imaginamos la vida como una línea bastante predecible: estudiar, trabajar, formar una familia, jubilarse y, finalmente, envejecer. Bajo esa idea, el geriatra aparecía casi al final del recorrido, cuando ya había enfermedades o dificultades que resolver.

Pero la vida se ha alargado y esa imagen quedó pequeña. Llegar a los 80 o 90 años es una posibilidad cada vez más presente, y algunas personas vivirán hasta los 100 o más. Eso no significa que todos vayamos a cumplir un siglo. Significa que vale la pena hacerse una pregunta que antes parecía lejana: ¿cómo queremos vivir las décadas que tenemos por delante?

La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2050, habrá 2.100 millones de personas de 60 años o más en el mundo. Vivir más tiempo abre espacio para nuevos proyectos, vínculos, aprendizajes y formas de disfrutar la vida. También nos obliga a prestar atención a la salud durante más años.

Ahí comienza una manera distinta de entender la consulta geriátrica: como un lugar desde el cual empezar a diseñar la segunda mitad de la vida.

La vejez ya no tiene un único aspecto

No existe una sola manera de tener 60, 70 u 80 años. Hay personas que siguen trabajando, emprenden, viajan, cuidan a sus nietos, vuelven a estudiar o descubren intereses que habían postergado. Otras necesitan apoyo para actividades cotidianas. Y muchas pasan por distintas etapas a lo largo de los años.

Por eso, hablar de “la vejez” como si fuera un período uniforme ya no alcanza. Para alguien, una buena vida puede significar seguir caminando por su barrio sin ayuda. Para otra persona, poder viajar con su pareja. Para otra, mantener la claridad mental para dirigir un proyecto o la energía para jugar con sus nietos.

La salud cobra sentido cuando la relacionamos con esas posibilidades concretas. No se trata solamente de sumar años: importa qué podemos hacer con ellos y cuánto margen tenemos para elegir.

“La pregunta no es solo cuánto tiempo queremos vivir, sino qué queremos poder hacer durante ese tiempo”.

Dr. Juan Idiarte Borda · Médico geriatra

Vivir más también cambia el costo de postergar

Una vida más larga trae una oportunidad enorme, pero también un desafío. Si un problema de salud se detecta tarde o se atiende de forma aislada, podemos convivir con sus consecuencias durante muchos años.

Pensemos en una persona que empieza a moverse menos porque le cuesta subir escaleras. Quizás lo atribuye a la edad y deja de salir. Con el tiempo pierde fuerza, ve menos a sus amigos y comienza a sentirse desanimada. Lo que parecía una pequeña limitación física termina afectando su autonomía, su vida social y su estado de ánimo.

También puede ocurrir que alguien tome varios medicamentos indicados en momentos distintos, sin una revisión conjunta. O que una dificultad auditiva pase inadvertida y haga cada vez más agotadoras las conversaciones familiares. Muchas veces, lo que cambia la trayectoria de una persona no es un único diagnóstico, sino la suma de problemas pequeños que nadie miró en conjunto.

La Organización Mundial de la Salud propone precisamente prestar atención a dimensiones como la movilidad, la nutrición, la visión, la audición, la memoria y el bienestar psicológico, además de las enfermedades. Su enfoque de atención integrada busca detectar cambios y construir planes adaptados a cada persona.

Esto no quiere decir que todo problema pueda prevenirse ni que exista una fórmula para llegar a los 100 años con salud perfecta. Quiere decir que ocuparse a tiempo ofrece más oportunidades para comprender lo que está pasando y tomar decisiones.

Conversación sobre salud y proyectos de vida durante una consulta
Una consulta comienza escuchando lo que es importante para cada persona.

¿Para qué sirve una consulta geriátrica si hoy me siento bien?

Es una pregunta razonable. Si asociamos la geriatría con la enfermedad avanzada, parece lógico esperar hasta necesitarla. Sin embargo, una consulta puede ser valiosa mucho antes de una crisis.

El geriatra puede ayudar a reunir piezas que suelen quedar repartidas entre consultas, estudios y especialistas. Revisa antecedentes y tratamientos, pero también pregunta por el sueño, la alimentación, la actividad física, el ánimo, la memoria, las relaciones y las actividades que la persona quiere seguir haciendo. La conversación no termina en “¿qué le duele?”. También incluye “¿qué es importante para usted?”.

Por ejemplo, alguien puede decir: “Quiero seguir viviendo en mi casa”, “Quiero tener energía para viajar” o “Me preocupa perder memoria como le ocurrió a mi padre”. Esos objetivos y temores orientan la evaluación. Ayudan a decidir qué conviene investigar, qué hábitos vale la pena trabajar, qué tratamientos revisar y con qué profesionales coordinar la atención.

Una buena consulta no promete controlar cada aspecto del futuro. Ofrece algo más útil: un punto de partida para tomar decisiones de salud que tengan relación con la vida que cada persona desea llevar.

“Antes de definir un plan de salud, necesito conocer el plan de vida de la persona”.

Dr. Juan Idiarte Borda · Médico geriatra

Pensar a largo plazo, actuar en el presente

Cuando imaginamos los próximos 20, 30 o 40 años, es fácil sentir que todo depende de decisiones enormes. En la práctica, un plan de salud suele empezar con preguntas sencillas: ¿cómo nos estamos moviendo?, ¿estamos durmiendo bien?, ¿hay cambios en la memoria o en el ánimo?, ¿podemos seguir haciendo lo que disfrutamos?, ¿hay síntomas que venimos normalizando sin haberlos consultado?

El valor de mirar a largo plazo está en conectar esas respuestas con objetivos personales. Si una persona quiere conservar la posibilidad de viajar, quizás sea importante evaluar su equilibrio y su capacidad para caminar con comodidad. Si quiere seguir participando activamente en su trabajo o su familia, tal vez convenga prestar más atención a problemas de sueño, audición o estado de ánimo. Cada plan será diferente porque cada vida lo es.

Este enfoque tampoco exige resolver todo en una visita. La consulta puede abrir una relación de seguimiento: observar cambios, ajustar prioridades y coordinar con otros profesionales cuando haga falta. El geriatra no reemplaza automáticamente a los médicos que ya acompañan a la persona; puede ayudar a integrar las distintas partes de su atención alrededor de lo que más le importa.

Un médico para una etapa que puede durar décadas

Si una persona comienza a pensar su salud desde la mitad de la vida y llega a una edad muy avanzada, estará planificando un período que podría ocupar casi la mitad de su existencia. Es una posibilidad, no una expectativa individual garantizada. Pero alcanza para cambiar la perspectiva: la geriatría no tiene por qué entrar en escena únicamente al final.

Podemos verla como una especialidad que ayuda a atravesar una etapa extensa y cambiante. Habrá momentos de prevención, otros de tratamiento y otros en los que tocará adaptar planes. En todos ellos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo cuidar la capacidad de vivir de acuerdo con lo que valoramos?

Envejecer no consiste en cumplir un modelo de vitalidad impuesto desde afuera. Hay quien desea mantenerse muy activo y quien prefiere una vida más tranquila. Lo importante es que las decisiones médicas no se tomen de espaldas a esas preferencias.

“Mi trabajo no es decirle a alguien cómo debe envejecer. Es ayudarlo a cuidar la salud que necesita para vivir como quiere”.

Dr. Juan Idiarte Borda · Médico geriatra

La primera consulta es una conversación sobre el futuro

Tal vez el cambio más importante sea dejar de pensar que consultar a un geriatra equivale a aceptar que una etapa se termina. Puede significar exactamente lo contrario: dedicar tiempo a imaginar la etapa que viene y prepararse para vivirla con más herramientas.

La segunda mitad de la vida puede incluir nuevos proyectos, relaciones, desafíos y descubrimientos. También traerá cambios que no siempre podremos anticipar. No podemos escribir cada página por adelantado, pero sí podemos participar en las decisiones que darán forma a ese recorrido.

Una consulta geriátrica puede ser el comienzo de esa conversación. No hace falta esperar a que la vida se vuelva difícil para preguntarse qué queremos de ella.

Dr. Juan Idiarte Borda en su consultorio

Dr. Juan Idiarte Borda

Médico geriatra · Fundador de Geriatría Privada

Geriatría Privada

La primera conversación puede ser el comienzo de una vida más a tu manera.